Jornada EQUO sobre energía en Valdepeñas

El pasado 27 de abril tuve ocasión de participar, en representación de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, en la I Jornada organizada por el grupo de Valdepeñas del partido político EQUO en Valdepeñas.

No es muy habitual que me prodigue en este tipo de actos organizados durante el fin de semana. Lo cierto es que en este caso acepté “despistar” parte de mi tiempo “familiar” debido a que se trata de la comarca en uno de cuyos pueblos nació mi padre y que, además, visito con cierta asiduidad.

La crónica elaborada por la organización y publicada en su web resume muy eficazmente una jornada que agrupó a más de veinte asistentes durante todo el día del sábado. Creo que acertaron en la difícil tarea de seleccionar ponentes de muy diversa procedencia para hablar sobre temas  igualmente diversos como los riesgos para la salud de la radiación nuclear, el mercado eléctrico, el fracking o los agrocombustibles, todos ellos con un nexo común: el modelo energético. Esa diversidad abanderada tantas veces por la Plataforma demostró, una vez más, ser una fuente inconmensurable de riqueza.

Me llamó especialmente la atención la participación de Job Moya, médico perteneciente a la Plataforma contra el Cementerio Nuclear de Cuenca. La participación de expertos cuya actividad principal no es la energética aporta visiones muy necesarias y frecuentemente menospreciadas del mundo de la energía.

Me queda en el recuerdo una de sus afirmaciones, algo así como “no radiamos a las embarazadas por los riesgos que conlleva para el feto; pero el transporte de residuos de alta actividad provenientes de centrales nucleares es 8 veces más radiactivo que una radiografía; con la diferencia de que nadie nos va a avisar de cuándo va a pasar el camión por nuestro pueblo.”

Mi presentación fue muy similar a la expuesta en la escuela de Navales un par de días antes, con tres nuevas inserciones que comento a continuación.

La primera es una referencia a que el escenario intermedio (el más probable) definido por la Agencia Internacional de la Energía en su último informe sobre el panorama energético mundial, a pesar de requerir una inversión en renovables de la nada despreciable suma de 6,4 billones -españoles, “trillion” ingleses- de dólares americanos de aquí a 2035 es incompatible con el límite de punto sin retorno del cambio climático establecido por la ONU (incremento de 2ºC respecto de los niveles preindustriales). De hecho, lo más probable es que en este escenario alcancemos los 4ºC de incremento de temperatura. Hago mía una frase que escuché recientemente y que resume la situación a la perfección: “los responsables políticos actuales tienen mucha más responsabilidad que los futuros. Éstos podrían haber hecho algo para cambiar el devenir del Planeta; aquéllos se limitarán a afrontar las consecuencias“.

La segunda novedad, en la que me detengo algo más extensamente, es la relativa a los famosos “wind fall profits” o beneficios caídos del cielo. En los últimos años se ha escrito mucho sobre el tema; pero creo que para explicarlo a un público no especializado basta con construir la argumentación a partir de un par de ideas sencillas:

  1. Hablamos de centrales eléctricas que se construyeron bajo un régimen regulado que garantizaba la recuperación de las inversiones. Esta observación es importante porque en un ámbito de mercado realmente liberalizado sería incoherente hablar de beneficios excesivos: necesariamente el mercado los ajustaría a una cifra razonable. Al tratarse de inversiones garantizadas que participan en los mercados junto con otras que no lo son, sin embargo, las condiciones de competencia quedan irreversiblemente alteradas.
  2. Las propias empresas propietarias de las centrales nucleares, a través del foro de la industria nuclear española -eso sí, antes de la catástrofe de Fukushima, que hizo variar sustancialmente el discurso-  afirmaban lo siguiente: “En España el coste operativo de generación del kWh nuclear se ha mantenido estable, alcanzando un valor de 12,9 euros por MWh neto, de los que 9,5 euros corresponden a los costes de operación y mantenimiento, y 3,4 euros por MWh al coste del combustible.

Teniendo en cuenta los resultados obtenidos del mercado eléctrico español en los últimos años es fácil rebatir, con tan solo estos dos argumentos, la tesis oficial de las eléctricas de que estas centrales “no están amortizadas”.

En efecto, sabiendo que los ingresos en el mercado percibidos en los últimos años por producción de energía eléctrica han rondado los 48 €/MWh (considerando el precio del mercado de contado más los pagos por garantía de potencia/capacidad), vemos inmediatamente que el margen, destinado a financiar la inversión, es de unos 35 €/MWh.

Sabiendo que la energía nuclear es bastante estable y que genera en España unos 60 TWh/año, basta multiplicar por la cifra anterior para deducir que el margen de la actividad ronda los 2.100 millones de euros anuales. Tratándose de 7.800 MW instalados, es equivalente a un margen medio de 0,27 M€ por MW instalado y año.

Si volvemos ahora a los datos del Foro Nuclear, observamos que el coste de inversión de las centrales de última generación -sin duda mucho más costosas que las que se construyeron en España en los años 80- se estima en torno a 3 M€/MW. En otras palabras, la amortización simple de una central nuclear, a los precios actuales, se produce en un plazo de 11 años.

Pues bien, las centrales nucleares que funcionan en España tienen más de 25 años de antigüedad, 15 de ellos bajo régimen “de mercado”, por lo que parece indiscutible que están sobradamente amortizadas.

Otra cosa es que, con clara intención de presentar unas cuentas de resultados con mayores beneficios, los responsables de las empresas eléctricas hayan optado por contabilizar un importe inferior en sus estados contables. Naturalmente lo que no figure como amortización contable habrá sido retribuido a sus accionistas; pero las inversiones han sido más que recuperadas.

Finalizo citando la tercera y última novedad de mi presentación: las propuestas aprobadas por la Asamblea de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético para que los ciudadanos podamos participar en el cambio de paradigma:

  1. Cambio de comercializadora eléctrica fuera del oligopolio. No es mucho (en torno a un 4%) el dinero que cambia de manos al hacerlo; pero el gesto es importante.
  2. Apoyar/participar en proyectos de inversión en renovables con participación social. Se trata de ser activos en el desarrollo de las renovables; de no esperar a que otros lo hagan por nosotros.
  3. Exigir la correcta regulación del autoconsumo por balance neto. Será sin duda el verdadero mecanismo de introducción de competencia en el sistema eléctrico que, sin ningún tipo de subvención y pagando justamente por el uso de las redes, es hoy rentable para la tecnología fotovoltaica. Permitiría que, por primera vez, los ciudadanos pudiéramos elegir la fuente de energía que nos abastace y, precisamente por ello, se está enfrentando a enormes trabas.
  4. Interiorizar como prioritario el ahorro y eficiencia energética. La energía más barata es la que no se consume. La mera instalación de pequeños dispositivos que nos permitan monitorizar el consumo eléctrico es decisiva para conocer dónde y cómo podemos ahorrar energía.

Confío en que, tal y como comentamos tras la jornada, ésta sirviera para crear la semilla de un futuro nodo de la Plataforma en Valdepeñas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s